El Norte de Castilla, 31 de Diciembre de 2009
No hace mucho comenté en estas páginas que las fotografías son documentos singulares que evidencian la elección de un momento y de un objeto con el propósito de que perduren en la memoria y reproduzcan para quien los realiza y quienes los contemplan las sensaciones que motivaron su registro para siempre. Pero la fotografía es también algo más: sirve para aproximarnos a las realidades y a los valores que a menudo son desestimados o que pasan desapercibidos. Los recupera, los enaltece, a la par que los procura esa perspectiva generadora de nuevas sensibilidades, que nos hacen más cultos y respetuosos con nuestro entorno.
Desde luego, no podría entenderse de otro modo la gran aportación que a la cultura fotográfica ha hecho Justino Diez, cuyas cualidades ya conocía y que he visto de nuevo ratificadas con creces en la magnífica exposición que, con el título “Flora Humilis” ha concebido y presenta en el Centro de Propuestas Ambientales Educativas (PRAE) de
Con todos estos ingredientes, Justino Diez ha puesto la fotografía al servicio de una causa noble, que bien justifica el tesón y la paciencia que normalmente suele requerir la búsqueda de la perfección cuando se trata de valorizar realidades que con harta frecuencia son subestimadas, por más que se acrediten como los pilares de nuestro conocimiento de la realidad natural, dotada de posibilidades – científicas, económicas y culturales - infinitas. Descubrir la riqueza que ofrecen las diferentes formas de relación entre la persona y el hecho vegetal constituye una proeza cuando se evita la simplificación y cada fotografía es merecedora de una interpretación individualizada. Es una de las muestras de fotografía más hermosas e ilustrativas que he visto nunca. Aúna calidad y belleza con lección y sensibilidad. Imbrica referencia científica y advertencia sobre su envergadura ambiental y cultural. Impresionan los motivos elegidos, las técnicas utilizadas, la selección de los textos. Pero el argumento trasciende a la planta como tema central. Es la simbiosis entre la persona, con su rostro y su expresividad específica, y la naturaleza. Esa simbiosis que permite valorar lo que realmente significan las relaciones entre las sociedades y la botánica, fraguadas en los paisajes asombrosos de Castilla y León, al tiempo que consigue transmitir un mensaje en pro de la preservación de los valores que las cosas pequeñas encierran, hasta convertirlas en grandes cuando se las identifica como tales. Y es que, como bien se sabe, the small is beatiful.